Tu hijo o hija puede ser homosexual

globosgehitu

Artículo publicado el 17 de febrero de 2014

 

PADRES Y MADRES SIGUEN PRESUPONIENDO LA HETEROSEXUALIDAD DE SUS HIJOS E HIJAS. ACEPTAR QUE SEAN GAYS O LESBIANAS EXIGE UN PROCESO EN EL QUE LA ASOCIACIÓN AMPGYL PUEDE AYUDARLES.Todos los caminos están abiertos para niña y niño al nacer. Qué personalidad tendrá, cuáles serán sus inquietudes, qué profesión y estilo de vida elegirá… Todo son incógnitas sobre lo que vendrá. También la orientación sexual, aspecto de la identidad que la persona no elige; es involuntaria y natural. Pese a ello, padres y madres caen en la tentación de dibujar en sus mentes la vida futura de sus hijos/as. Y, aún hoy, la norma pasa porque presupongan su heterosexualidad desde la infancia.

Mejor no presuponer. Se calcula que, en Euskal Herria, hay más de 10.000 niñas y niños lesbianas, gays, transexuales o bisexuales.

A pesar de la tozudez de los datos, todavía es habitual que los padres y madres se lleven una fuerte impresión cuando sus hijos e hijas les revelan su homosexualidad. Y en el proceso que se les abre en ese momento, les será de gran ayuda el apoyo y acompañamiento que brinda la Asociación de Madres y Padres de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transexuales (Ampgyl), con sede también en Gipuzkoa.

José Miguel Oreja es uno de los padres comprometidos en la labor de esa asociación. Tal y como señala, «en esta sociedad se da por hecho que todo el mundo es heterosexual, cuando las estadísticas están diciendo que alrededor del 7 u 8% de la población es homosexual». El adolescente, en ese proceso interno en el que se da cuenta de su homosexualidad, lo pasa «fatal, muy mal, porque ve que es diferente a los demás. A veces los padres sabemos que le está pasando algo, pero no sabemos qué. Lo último que imaginamos es que vamos a tener un hijo gay», subraya Oreja.

Tener un hijo o hija homosexual supone que «el castillo de arena que teníamos montado [en relación a su vida] se cae y tenemos que empezar desde abajo». El proceso que conducirá a la aceptación de su orientación sexual puede ser difícil, pero, en todo caso, «el apoyo que demos al joven es fundamental, sobre todo para su autoestima».

De ahí que el consejo de Ampgyl respecto a cómo hay que ayudarle sea claro: dale tiempo para que defina su identidad, acompáñale y quiérele. Escúchale con respeto y tranquilidad. Valórale. No le culpes. Apóyale, preocúpate de que se sienta integrado y querido. ¡Abrázale! Todo eso, aunque tú, como padre o madre, «sientas que tu mundo se hunde».

Esta asociación da apoyo a padres y madres que, muchas veces, llegan perdidos. «Intentamos que vengan los dos, el matrimonio», explica Ramón Martínez, también padre de la entidad. La cita se da en un lugar privado, normalmente la sede de Gehitu en el Paseo Colón de Donostia, cuando no hay nadie, para garantizar la máxima privacidad. La primera vez son recibidos en una charla en grupo de diez minutos, para romper el hielo. Después realizan una acogida individual; uno de los padres del grupo se reúne con el padre que ha venido, y una de las madres con la madre que llega por primera vez. Charlan durante una hora aproximada.

Esa primera vez «están tensos y no es fácil que se pongan a hablar», según señala Martínez. Pero, en posteriores reuniones, y a medida que los demás cuentan sus experiencias, «se van soltando, van sacando sus sentimientos. Los suelen tener guardados y no hay cosa peor que guardar los sentimientos. Lo que no se habla se enquista».

El hijo de José Miguel Oreja y Beni García habló de su homosexualidad primero a su madre. Luego, ella se lo dijo a su marido. «Mi reacción fue decirle a mi hijo que le iba a seguir queriendo igual que hacía cinco minutos. Igual. Porque seguía siendo mi hijo», relata él.

A Ramón Martínez su hijo se lo dijo hacia los 18 años, hace ya más de una década. La impresión fue fuerte. «Mi mujer y yo nos sentamos a hablarlo y comprendimos que, en la adolescencia, nuestro hijo había pasado en soledad sus sentimientos de primer amor. No nos había contado nada. Nos habíamos perdido unas vivencias que padres con hijos heterosexuales sí las han vivido», recuerda Martínez. Y señala que «como padres, nadie nos ha enseñado que podemos tener hijos diferentes» y «pensamos que es gay el hijo del vecino, no el nuestro». Hablaron sobre qué hacer, «porque queríamos que nuestro hijo compartiera su vida con nosotros. Buscamos información y tuvimos la ayuda de Gehitu».

Pero no siempre los progenitores saben reaccionar así de bien. Independientemente de cómo lo lleve cada cual, toca pasar por un proceso de duelo, de enfrentarse a la pérdida del proyecto de hijo o hija que habían construido.

«Ningún padre estamos preparados para esa noticia. A la mayoría, una de las cosas que más nos preocupa es la sociedad. Qué va a pensar la familia, qué va a pensar el vecino, qué van a pensar en el trabajo. Está el miedo. Todos lo hemos tenido», reflexiona Martínez. Miedo a que le hagan daño, a que sufra, a que no pueda socializarse y desenvolverse bien en la vida.

Choque, negación, sentimiento de culpa, expresión de sentimientos son fases comunes (las fases de todo duelo) que hay que atravesar hasta llegar a la aceptación de la realidad de quién es ese hijo/a.

Olga Alarcón es miembro de la Comisión de Educación de Gehitu. «El duelo sucede porque tienen que enterrar el proyecto de hijo/a que tenían montado en la cabeza. Para poder tener a su hijo real, o entierran al que tienen idealizado o van mal. Es doloroso, porque su proyecto se esfuma», explica.

PROCESO COMPLICADO

Pese a lo complicado de ese proceso, padre y madre siempre han de tener en cuenta que también el proceso por el que pasa el joven es muy fuerte. «No se habla de este tema ni en la escuela ni en la familia y de lo que no se habla todos sacamos la conclusión de que no es bueno. Y eso va calando en el chaval», apunta Alarcón.

Así, la actitud de los padres va a ser fundamental. «El hijo/a sale del armario, pero después han de hacerlo los padres. Si un padre reconoce públicamente que tiene un hijo homosexual y lo defiende, le está dando el apoyo más importante. El hijo sentirá que quién es y cómo es representa un valor para el padre», añade Olga Alarcón.

De lo contrario, puede darse un «proceso de ruptura y de pérdida del hijo/a que no lleva a buen puerto a ninguna de las dos partes». Por fortuna, incluso los casos que se han complicado, dañando la relación, pueden reconducirse. «El 99% se reconducen. Hay algunos a los que les va a costar más tiempo y a otros menos», afirma Martínez.

Mejor pronto que tarde, tocará decírselo a la familia, a los amigos, en el trabajo… Beni García reconoce que «cuesta mucho empezar a salir del armario, pero cuando lo haces es una liberación grandísima». Hoy, ella y su marido, tras un proceso importante, responden sin tapujos cuando alguien les pregunta si su hijo tiene novia. «Decimos que no, que tiene novio», apunta José Miguel Oreja.

Ramón Martínez y su esposa salieron muy pronto del armario. Pero él entiende que «hay que estar fuerte, muy bien armado» para contarlo. «Si no, te pueden hacer mucho daño, en el caso de que te toque alguna persona homófoba. Por tanto, no tengas prisa por decirlo. No lo niegues tampoco; puedes ser ambiguo. Asúmelo tú, estate bien, sé fuerte y después lánzalo. Dilo lo antes posible, pero cuando estés bien. Así, si alguna persona tiene algo que decirte, sabrás qué contestarle», recomienda.

Los padres suelen necesitar tiempo. «Si nuestro hijo/a nos ha dicho que es gay o lesbiana con 17 ó 18 años, ha vivido su propio proceso en solitario durante muchos años. Lo ha ido madurando y al final nos lo ha contado. De la misma manera, también nosotros necesitamos un tiempo para poder asumirlo. Lo que él ha tardado unos años en digerir, nosotros no lo podemos digerir en una hora. Necesitamos hacer nuestro duelo», observa Martínez. Pero, siempre, apoyándole, hablando del tema y no escondiéndolo.

No hay que dar por sentado nada en la vida de los hijos e hijas. Tampoco la orientación sexual. Entonces, ¿cómo debe abordarse la educación afectivo-sexual de los niños y niñas en la familia? «No hay que adelantarse a los hijos; hay que dejar que éstos manifiesten quiénes son. Un padre o madre, un educador, acompaña al niño/a en su proceso y en su maduración personal, respondiendo a sus inquietudes y necesidades. Son criaturas. ¿Que qué van a ser? Ellos lo irán marcando. Los padres deben acompañar y respetar», subraya Alarcón.

«Hay que dejarles que anden su camino, aunque estemos siempre atentos. Hay que ir un pasito por detrás de ellos, no por delante», opina Ramón Martínez. No les impongamos a qué jugar y a qué no, de qué colores ir vestidos…

En el caso de la transexualidad, los niños y niñas van marcando su camino desde los 2 ó 3 años. Su realidad se manifiesta pronto y es inocultable. «A edad tan temprana, el niño no tiene el prejuicio de autocensurarse», apunta Alarcón.

INFÓRMATE Y CONTACTA:

Asociación de Madres y Padres de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transexuales:

www.ampgyl.org/es/          email: euskadi@ampgyl          teléfono: 688 811 735  


Una escuela que no forma en lo afectivo-sexual

“LOS CHAVALES SABEN DE QUÉ EQUIPO DE FÚTBOL ES SU PROFESOR, PERO NO CÓMO REACCIONARÍA ANTE SU HOMOSEXUALIDAD”

La escuela debería ser una pieza clave para que la homosexualidad sea vista con normalidad y, gays, lesbianas, bisexuales y transexuales se sientan completamente integrados en la sociedad. Pero el mundo escolar no está a la altura de la realidad en este tema, según alertan desde Gehitu.

«Soy docente y hace 30 años impartía más educación afectivo-sexual que ahora. ¿En qué asignatura se habla de todo esto? En ninguna. ¿En qué curso se habla de las emociones, de lo que es enamorarse? ¿En qué curso de las primeras relaciones sexuales? En ninguno», denuncia Blas Olasagasti, miembro de la Comisión de Educación de Gehitu. En el sistema educativo no está establecida curricularmente ningún área en la que se trabajen estos aspectos. Queda, por tanto, a la voluntad del profesorado que sean tratados o no en el aula.

«Padres y madres con hijos/as lgtb (lesbiana, gay, transexual, bisexual) o que supuestamente puedan pertenecer a una minoría sexual deberían plantearse evitar llevar a sus hijos a colegios con idearios que les vayan a marcar negativamente en el desarrollo de su vida afectiva y sexual», considera Olasagasti. Si el niño o niña es homosexual, estudiar en un centro no adecuado, en el que reciba mensajes negativos sobre su orientación, será muy perjudicial.

E incluso en el caso de que las características del centro no sean las descritas, toda familia debería preguntar cuál es la línea seguida en este tema. En ocasiones, escuelas y colegios recurren a entidades externas, como Gehitu, para ofrecer charlas en un curso concreto. Así, todo se reduce a hora y media de formación a lo largo de toda la vida escolar.

La encuesta sobre actitudes ante la diversidad afectivo-sexual realizada en Gipuzkoa en 2012-2013 muestra que un 34,04% de los jóvenes entrevistados dicen que, de ser homosexuales, no saben cómo reaccionarían sus profesores al enterarse. «Saben si son de un equipo de fútbol u otro, pero desconocen su actitud ante un tema tan importante».




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