Con trabajo pero sin posibles para llegar a fin de mes

2250125539_5dcf6ed831_o

UN 6,2% DE LA POBLACIÓN DE GIPUZKOA FORMA PARTE DE LOS LLAMADOS “TRABAJADORES POBRES”; PERSONAS QUE, A PESAR DE CONTAR CON UN EMPLEO, VIVEN EN SITUACIÓN DE POBREZA

 

Según los datos de la Encuesta de Pobreza y Exclusión Social difundidos a finales de mayo por Diputación, la pobreza ha descendido en Gipuzkoa. Sin embargo, la encuesta sigue arrojando datos preocupantes. Quizás el más llamativo de todos, el que un 6,2% de la población que cuenta con un puesto de trabajo se encuentra en situación de pobreza relativa. Es el llamado fenómeno de los “trabajadores pobres” o “working poors”; personas que, pese a tener un empleo remunerado, no consiguen los ingresos suficientes para mantenerse a sí mismas ni a sus familias.

Precisamente, la emergencia de la pobreza entre familias con hijas e hijos, que se concreta como una de las «cuestiones preocupantes» para Diputación, está en estrecha relación con el problema de los “trabajadores pobres” y conlleva que el riesgo de pobreza esté desplazándose de la población mayor hacia la infantil y juvenil, que actualmente cuenta con una tasa de pobreza del 19,1%.

El problema de base de los “trabajadores pobres” está íntimamente ligado a los empleos con los que cuenta y a los que está accediendo en la actualidad una parte importante de la población. «Son trabajos temporales, irregulares, de jornadas reducidas etc., que no ayudan a salir a la gente de su situación de pobreza», comenta a HIRIAN José Emilio Lafuente, secretario general de Cáritas Gipuzkoa.

Insiste en la necesidad de un empleo estable y de calidad para que los trabajadores y sus familias consigan también estabilidad y, con ello, una mejora en sus condiciones vitales. «Con este tipo de empleo, los indicadores de pobreza no mejoran. Por eso no se puede decir, como se ha empezado a oír, que hemos salido de la crisis. Porque la salida de la crisis debe ser conjunta, no podemos dejarnos a gente atrás».

En este sentido, parece que las reformas legislativas y recortes sociales emprendidos por las Administraciones tienen y tendrán un alto coste desde el punto de vista del bienestar de la ciudadanía. «El Informe sobre exclusión y desarrollo social en el País Vasco realizado por la Fundación Foessa ya avanzaba en octubre pasado que todo lo que perdamos en cuestión de derechos en una época de crisis como la actual luego costará mucho recuperarlo».

La población migrante es uno de los colectivos que corren un claro riesgo de engrosar a perpetuidad las cifras de “trabajadores pobres”. Para Agustín Unzurrunzaga, miembro de SOS Racismo Gipuzkoa, esto tiene que ver en parte con los nichos en los que históricamente se ha empleado. «La construcción ha sido uno de ellos y en él, además de contar con contratos precarios, cada vez es más complicado cumplir el convenio colectivo del gremio. A pesar de los convenios, las modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo se siguen haciendo, y cada vez con mayor intensidad, lo que lleva a una mayor precariedad y peores condiciones de vida», concluye Unzurrunzaga.

El sector servicios, fundamentalmente hostelería y cuidados, es otro de los sectores que se encuentra entre los más desfavorecidos y en los que también se ha empleado tradicionalmente la inmigración. Entre las empleadas de hogar, sostiene el miembro de SOS Racismo, «aunque hay menos paro, el punto de partida de los salarios son 645 euros, el mínimo interprofesional», explica Unzurrunzaga.

 

POBREZA CRÓNICA

A pesar de que los datos de la encuesta reflejan un descenso de la pobreza en Gipuzkoa de algo más de un punto en los últimos dos años, 111.000 personas, un 15,6% de la población, lleva tiempo inmersa en una situación de pobreza; un tercio de ellas bajo el umbral de la pobreza severa. Esto supone vivir, en el caso de una persona sola, con menos de 568 euros al mes o, en el de una pareja con dos menores, con menos de 1.200 euros.

En Cáritas Gipuzkoa dicen no apreciar ese descenso y sí llevar tres años estancados en unas 29.000 personas atendidas anualmente. Desde el comienzo de la crisis en 2007, las cifras aumentaban cada año. Sin embargo, advierte Lafuente, «el que ahora no aumenten no es que la situación haya mejorado, sino que se ha cronificado. Las situaciones más severas, de hecho, no disminuyen, sino que aumentan; y eso nos dice que se está produciendo una polarización entre la población».

Mujeres y migrantes se mantienen como los dos perfiles con mayor riesgo y situación real de pobreza. «Nosotros llevamos años viendo que el perfil de la persona que acude a Cáritas es el de mujer sola con hijos a cargo y, por descontado, la población inmigrante. De alguna manera, uno de los elementos que hacen que la población autóctona sobrelleve mejor este tipo de situaciones es la propia familia, que hace de sistema de protección social doméstico en situaciones de dificultad. Las personas de fuera normalmente vienen solas y no cuentan con ese apoyo, por lo que su situación se agrava», explica Lafuente.

Estas razones y las anteriormente explicadas, opina Unzurrunzaga, llevan a que el 55% de la población migrante que vive en Gipuzkoa se encuentre en situación de pobreza y, de ésta, un 36,8% en pobreza severa, según se desprende de la encuesta difundida por Diputación. «La situación precaria que tienen ya de por sí cuando están trabajando empeora con el desempleo. En la construcción, que antes citábamos, por el tipo de contratos que tienen, cuentan con poco tiempo de prestación por desempleo. Con lo cual, en nada pasan a formar parte del conjunto de personas que no recibe ningún tipo de prestación», comenta Unzurrunzaga.

Algo parecido sucede con las empleadas de hogar, también citado antes como uno de los sectores más afectados por la pobreza. «Aunque ya figuran dentro del régimen general de la Seguridad Social, no cuentan con prestación por desempleo, aunque sí con la Renta de Garantía de Ingresos (RGI)».

 

IGUALES ANTE LAS AYUDAS

Precisamente la desigualdad existente en el aspecto salarial entre población autóctona y migrante es otro de los factores que tiene que ver con una mayor tasa de pobreza entre la población migrante. «El propio estudio revela que si el salario medio de una persona guipuzcoana, que vive y ha nacido en Euskadi, es de 1.420 euros, el de una extranjera se reduce a la mitad. Eso les coloca en situaciones de gran precariedad», puntualiza el miembro de SOS Racismo.

No obstante, pese a ese mayor porcentaje de migrantes en situación de pobreza con respecto a la población autóctona, no son quienes más ayudas sociales reciben. Unzurrunzaga, que tiene un estudio realizado al respecto en los 20 municipios guipuzcoanos más poblados, cuenta que, a pesar de que los requisitos de acceso a las ayudas y las cantidades concedidas son iguales para cualquier persona, autóctona o no, nos encontramos con lo siguiente: en Eibar, que cuenta con el mayor número de población extranjera perceptora de RGI, de las personas que la reciben un 49% es extranjera y un 51% población autóctona.

Juntos, ambos colectivos suman un 2,94% de población residente en Eibar que recibe dicha renta. En Hondarribia sería donde un menor porcentaje de población extranjera percibe esta ayuda; un 23% de quienes la reciben ha llegado de fuera y  un 77% es población autóctona.

Sea como sea, población autóctona y migrante comparten los principales problemas con los que acuden a los centros que Cáritas Gipuzkoa tiene repartidos por el territorio: vivienda, empleo y subsistencia, además de salud. Así lo manifiesta el secretario general de esta organización en Gipuzkoa, quien destaca además el efecto amortiguador que ha tenido el sistema de protección social con que cuenta Euskadi a la hora de atender las necesidades básicas de estas personas.

«A pesar de tener carencias, ha reducido las desigualdades entre la ciudadanía y ha ayudado a la cohesión social. En este sentido, no debemos ver el logro social de los Servicios Sociales y las ayudas como un gasto, sino como una inversión para conseguir una mayor cohesión social y la redistribución de los bienes que tenemos, y así reducir las desigualdades», considera Lafuente.

 




No hay comentarios

Añadir más

Deja un comentario