La arquitectura ecoeficiente y sus factores determinantes

ARQUITECTURA SOSTENIBLE, ECOLÓGICA, ECOEFICIENTE. TÉRMINOS VIVOS QUE IMPLICAN SU MANTENIMIENTO EN EL TIEMPO SIN AGOTAR RECURSOS.

POR RODRIGO MILLA, ARQUITECTO

La construcción de nuestros edificios, ciudades e infraestructuras implica una gran utilización de recursos, en muchos casos no renovables (materias primas y energía). Y el uso de nuestros edificios durante los años de vida útil de los mismos supone consumir energía en forma de electricidad, gas, gasoil y recursos hídricos.

Aun cuando una actitud ecológica debiera intentar preservar el equilibrio que existe en la naturaleza, que se rige por una ley cíclica (la naturaleza re-cicla), la realidad es que la mayoría de nuestras ciudades y edificios están regidos por una ley lineal. Es decir, son organismos a los que llegan recursos y energía, los metabolizan y convierten en bienes materiales, servicios y residuos.

La transición en los modos de construcción ha sido históricamente lenta, movida por tendencias inerciales, que solo permiten ir avanzando poco a poco en las nuevas formas de construir y en las renovaciones de las piezas urbanas ya existentes. Afortunadamente, la construcción implica durabilidad (edificios + de 50 años, carreteras y ferrocarriles + de 100 años) y, de esta manera, los recursos empleados en ellos pueden amortizarse a lo largo de su vida útil.

¿Cuáles serían los factores que determinan una arquitectura ecológica o ecoeficiente?

El primero de ellos es la propia localización. Un urbanismo consciente de los problemas que genera la falta de concentración y la no respuesta a los condicionantes ambientales. Debe abandonarse la idea de que el urbanismo es un instrumento que sirve para organizar los intereses especulativos de los grandes propietarios de suelo, y una forma de rellenar las exiguas arcas municipales de nuestros ayuntamientos.

 

RESPONDER AL CLIMA

Además, se debiera romper con la tendencia que hemos llevado estas últimas décadas de segregar actividades zonificando nuestras ciudades. Antes solamente las actividades especiales más molestas eran exteriores a nuestras ciudades. Actualmente, la separación de usos ha obligado a una intensificación de los medios de transporte y, por ende, del vehículo privado, que es un gran consumidor de recursos y energía.

Las civilizaciones tradicionales se enclavaban en colinas o promontorios bien orientados y se reservaban las zonas llanas de los valles para usos agrícolas. La tendencia moderna con los ensanches fue la contraria: ampliar las ciudades en los terrenos llanos y reservar los promontorios, amparados en una supuesta comodidad de uso. Resultado: ocupación de las tierras fértiles y abandono de la agricultura peri-urbana.

El  edificio debe corresponder al ambiente en que se enclava, se debe orientar correctamente para aprovechar la energía gratuita del sol y los beneficios refrigerantes de los vientos dominantes. Debe responder al clima. El aislamiento de la piel del edificio no debe implicar falta de ventilación. A ser posible debe conllevar la reutilización del agua que se utilice en él (aguas grises y de lluvia) y es deseable que pueda ser un generador de energía (placas fotovoltaicas, molinos eólicos, etc).

 

REUTILIZAR Y REHABILITAR

El ciclo de vida del edificio debe intentar minimizar la generación de residuos de todo tipo. La reutilización y la rehabilitación de nuestros edificios deben ser prioritarios para alargar el período de amortización ecológica de los mismos. La buena arquitectura está llena de ejemplos de reutilización y reconversión de inmuebles.

El mantenimiento en pie de un edificio, como mínimo de su fachada y/o estructura, conlleva un importante ahorro de energía y materias primas. El edificio más eco-eficiente es el que ya está construido y al que se le asigna una nueva vida con una buena rehabilitación que permita alojar nuevos usos.

No hay que desdeñar el enorme parque edificado de nuestras ciudades y pueblos. Hay que promover su reutilización/rehabilitación antes que su sustitución. Ése es el gran reto actualmente.

Aun existiendo proyectos legislativos europeos que para el año 2020 impliquen construir edificios de nueva planta con “consumo de energía cero”, la realidad imperante durante muchos más años va a ser que las ciudades de Europa van a ir sustituyendo y mejorando sus edificios muy lentamente.

La administración pública debiera ejercer un efecto catalizador, promoviendo que sus edificios y rehabilitaciones sean ejemplares, convirtiendo este tipo de arquitectura en deseable por la sociedad. No es suficiente con promover legislación tendente hacia la optimización energética y minimización de recursos. Hay que dar ejemplo.

 

USO CONSCIENTE

Por otro lado, es importante valorar el papel del usuario del edificio. El saber hacer un uso consciente de ellos y de las instalaciones que los equipan. Para mantener el confort dentro de casa, racionalizando los recursos energéticos, es preferible vestir un jersey que mantener la temperatura de la calefacción en 25ºC e ir en manga corta.

La crisis económica actual, con recursos financieros menores a los existentes hace unos años, dará pie a una crisis medioambiental que exigirá de nuestras ciudades y edificación actuales y futuros unas condiciones de adaptación a una nueva era, que ya está aquí, más limitada en materiales y recursos energéticos. Solo mediante el uso de tecnologías más inteligentes, un mayor respeto por los recursos naturales y el paso de la explotación de recursos no renovables a los renovables y autosuficientes, podrá hacerse frente a esta presión. Éste es el reto al que nos enfrentamos. La arquitectura y la sociedad.




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