“Cantar en grupo beneficia la salud individual”

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JAVIER BUSTO ES MÉDICO, COMPOSITOR Y DIRECTOR DE COROS

POR MÓNICA MÍGUEZ

A comienzos de verano, Javier Busto visitaba el Club de Jubilados de Trintxerpe para dar una charla bajo el título “Canto y Salud”. Dice que sus más de 30 años como médico (ejerce en el centro de salud de Lezo) y unos 40 como cantante y director de coros (con 7 años ya cantaBA en el coro de Hondarribia de timple) no le dan autoridad, pero sí criterio para poder hablar de la relación entre canto y salud.

 

¿Cuál es esa relación existente entre el canto y la salud?

Tendríamos que hablar de dos aspectos. En primer lugar, el canto requiere de unos recursos técnicos basados fundamentalmente en la respiración, que ha de ser equilibrada, y en mantener unas condiciones vocales adecuadas. El tipo de respiración que hay que llevar a cabo hace que el cerebro también ventile mejor y que el cuerpo se encuentre más equilibrado y con más ánimo para llevar a cabo su labor diaria. El segundo aspecto, ligado a los coros, que es el área que yo más conozco, vendría dado por el trabajo en equipo, por ser capaces de autodisciplinarse para cantar en un coro; algo que supone una transmisión de energía, de fortaleza de grupo, que al final influye mucho en la salud individual, porque participar en un colectivo otorga importancia al individuo, le procura autoestima.

Así que el beneficio acaba siendo tanto individual como colectivo.

A nivel de coro, que es lo que yo conozco, sí. Mi labor es la formación individual del cantor para trabajar dentro de un coro. En ese sentido, el canto implica equilibrio individual y disciplina, no sólo grupal sino también individual. Cada persona del grupo tiene que llevar a cabo un cuidado individual, como no fumar, o comer y beber con moderación. Un cantor de coro sabe que estar en forma como cantante implica tener cuidado con estas cosas, porque los excesos no le benefician en nada; más bien todo lo contrario, le dan menos posibilidades de mantener una buena salud para el canto.

Es decir, que el beneficio posterior necesita de un esfuerzo previo, sobre todo a nivel físico.

Sí, pero el que tiene un cuerpo y mente más equilibrados tiene luego menos riesgos de padecer enfermedades. La propia introversión y reflexión que propicia el canto hace que nos sintamos más realizados, más consistentes ante la sociedad. Y también conseguimos una potencia física mayor, porque el control de la respiración hace que dicha potencia mejore. Además, la oxigenación que se consigue del cerebro ayuda a no padecer demencias, sobre todo si se trabaja con gente adulta. También ayuda el que la música nos hace pensar, nos retrotrae a lo que fuimos y sentimos con determinadas músicas. Y eso, las emociones, los recuerdos, los recuperas con la música. Además de hablar de los beneficios del canto para la salud, ése era otro de los grandes objetivos que quisimos conseguir en la charla que di en Trintxerpe: provocar emociones en la gente que estaba allí, ver cómo se manifestaban ante diferentes estilos de música.

¿Y cómo se consigue el equilibrio entre esas emociones y la técnica en el canto? 

Una persona que cante sin técnica puede provocar fantásticas emociones. Eso lo tenemos en este país de una manera clara. ¡Cuántos bert solaris hay que cantan maravillosamente y no han dado canto en su vida! Pero tienen unas voces fantásticas. De la misma manera, los hay buenísimos haciendo bert sos, pero luego cantan mal, no tienen buenas voces. En definitiva, técnica y emoción no tienen por qué ir forzosamente unidas, aunque hay ocasiones en que es necesario trabajar ambas, porque el público también espera que le emocionen. Cuando se está en vilo por ver si un intérprete va a llegar o no a un agudo, por ejemplo. Si el cantor cumple, la gente rompe en aplausos, se desata. En estos casos, la técnica ayuda, pero todo depende de los objetivos que tengamos. En los coros, la técnica da equilibrio al grupo, consiguiendo un mejor sonido, más empastado, agradable y con mayores posibilidades de emocionar. Aunque también hay coros muy técnicos que no emocionan nada. Por norma general, suele decirse que es lo que pasa con los coros nórdicos; que son muy técnicos, pero poco emotivos, fríos. Sin embargo, yo conozco coros nórdicos que emocionan muchísimo. Con los coros mediterráneos pasa lo contrario: son muy emotivos, pero técnicamente suelen dejar mucho que desear.

¿A quién suele recomendar usted que cante por motivos de salud?

Recomiendo cantar a mucha gente. Por poner un ejemplo, al colectivo de maestros y maestras. No se entiende que cuando estudian su carrera una de las asignaturas obligadas no sea canto, porque les enseñaría a llegar al viernes con las voces en perfectas condiciones, no como pasa ahora, que gritan durante toda la semana y el fin de semana lo necesitan para recuperar la voz.

¿Cuál suele ser el problema? ¿Que no controlan las cuerdas vocales?

Es un problema de técnica. Y diariamente nos enfrentamos a situaciones como cenas con mucha gente, en las que pasas el tiempo gritando con quien está en la otra punta de la mesa y que cada vez te oye menos. El problema es que tú no estás proyectando la voz; no estás utilizando ningún tipo de resonadores, sino una voz apretada, de garganta, sin apoyo de aire ni consistencia realmente fuerte como para hacer ese recorrido. Si tienes técnica, eres capaz de dar un grito equilibrado y el otro te oye a la primera. Por eso digo que son las situaciones normales de la vida las que requieren que trabajemos la técnica vocal. Y claro, más los profesionales que basan su trabajo en la voz, como los profesores que comentábamos, presentadores o locutores. Quien trata de solucionarlo con una técnica foniátrica, en la que se le enseña a respirar y a colocar bien la voz, puede conseguir el objetivo, pero le va a hacer falta mucho empeño. Con el canto, sin embargo, se puede conseguir lo mismo, pero añadiéndole la diversión, la emoción y sensibilidad que aporta esta disciplina.

¿Y cualquier persona puede cantar? Hay gente que no se atreve porque dice tener la voz fea.

Yo creo que cualquiera puede cantar, y ésa es una de las frases que más puede molestarme. Cuando alguien te dice eso de que tiene una voz fea es que nunca ha cantado o le ha dado vergüenza pensando que lo hacía muy mal. Yo he tenido, como director dentro del coro, a muchas personas que entraban a cantar diciendo eso mismo y en 20 días se creían los reyes del mambo, porque de repente descubrían unas cualidades que ni por asomo pensaban que tenían. Muchas veces es cuestión de desconocimiento de nosotros mismos. Yo he tenido “moscardones” en el coro que han acabado cantando bien. Lo que hay que hacer cuando entra alguien así es colocarle entre gente que canta bien y decirle que cante suave, escuchando a quienes tiene alrededor, que son los que saben cantar y pueden aportarle información. Y poco a poco acaban por adaptarse al resto. Lo ideal sería empezar desde pequeños, y yo creo que precisamente ese es el gran error de Euskal Herria; que de ser un país de cantores, es algo que estamos perdiendo. La mayoría de los coros eran parroquiales y ahora esos coros parroquiales están formados exclusivamente por gente mayor, lo que ha hecho que a nivel popular también se haya perdido el hábito del canto.

Dice que es mejor iniciarse cuanto antes, pero ¿hay alguna edad a la que sea tarde para empezar a cantar?

Por mucho que digamos que nunca es tarde, cuanto más tarde se empiece más difícil será cantar para dedicarse a ello de manera profesional. Lo que sí se puede es fomentar los coros de mayores, porque a ciertas edades la mejor posibilidad para cantar son estos grupos. Y a los 60 ó 65 años todavía se puede enseñar a cantar con gusto a alguien. Ése era un poco el proyecto en Trintxerpe, que es precisamente una población que tiene una actividad coral importante dentro de esta pérdida generalizada de coros.

FOTO CEDIDA.




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