“El lenguaje de signos logra la comunicación con el bebé”

MIRARI MARFAGON ES INSTRUCTORA DEL PROGRAMA CINCO DEDITOS

 

SANDRA MARTÍN. Mirari Marfagon es instructora de Cinco Deditos, programa de comunicación infantil que promueve la utilización de un lenguaje de signos para que adultos y bebés puedan comunicarse entre sí cuando los pequeños todavía no saben hablar. Ha comenzado a impartir cursos en Errenteria.

¿Cómo se introdujo usted en la cultura de signar?

Todo comenzó cuando me dejaron el libro “Baby Signing” (“Signando a bebés”), en el que se habla sobre el desarrollo de los niños, y en el que se explica qué es la cultura de signar, que consiste en un lenguaje de signos empleado para comunicarse con los más pequeños cuando todavía no saben hablar. También se indica cómo introducir el significado de las palabras, y sus respectivos signos, en el lenguaje hacia los niños.

Los bebés no tienen desarrollado el aparato fonador, que es la garganta y donde se encuentra la habilidad para hablar, y con este lenguaje de signos les estás dando una herramienta que ellos pueden controlar y con la que sí son capaces de comunicarse, porque pueden mover las manos, los brazos, etc.

¿Qué aporta el comunicarse a través de este lenguaje de signos?

Está la tranquilidad que da a un padre o una madre el hecho de que su hijo se pueda comunicar con él. El poder evitar frustración y episodios de casquetas aporta una gran felicidad, y también aumenta la complicidad entre los padres y/o cuidadores y los niños. En general, pensamos que, si el niño llora, es porque tiene hambre o está incómodo, pero no que lo esté haciendo para comunicarse.

Me asombré cuando supe que utilizaban diferentes formas de llorar para decirnos una cosa u otra, y que hay un total de cinco tipos de llanto: el del hambre, el del sueño, el de quiero eructar, el de tengo un aire en el estómago y el de estoy incómodo. Por lo visto lo hacen así en cualquier parte del mundo, independientemente de la zona o región a la que se pertenezcan, ya que hasta los tres meses el llanto es igual en todos los niños del mundo; luego, a partir de esa edad, eso cambia porque ya entra en juego el factor idioma, donde los balbuceos empiezan a ser de diferentes tonalidades y a adquirir el acento del país o región.

Además, este programa tiene otra serie de ventajas, como el aumento del coeficiente intelectual. Y os niños empiezan a hablar antes, lloran menos, son más sociables, gritan menos, se interesan más por la lectura y mejora su destreza motora, que es la capacidad para poder coger cosas pequeñitas.

¿Qué necesitan padres y madres para poder poner en práctica, con éxito, este programa?

Constancia y paciencia. Es verdad que los primeros 20 ó 30 signos puede costar aprenderlos, pero una vez  que has cogido un poco de carrerilla, quieres aprender más. Después, cuando los has aprendido, ya no te cuesta ni la mitad del esfuerzo que te habían costado los primeros cinco. Supongo que también tiene que ver el hecho de poder observar que esto funciona.

Con su hijo pequeño, Noah, usted pone en práctica lo que ha ido aprendiendo. ¿Cómo es la experiencia?

Comencé a practicar con Noah cuando tenía 3 ó 4 meses. Ahora tiene 10 meses y medio, aunque todavía no es consciente para signar de vuelta. Los bebés suelen empezar a utilizar los signos hacia el año de vida, aproximadamente.

¿Qué va a enseñar en el taller que va a impartir en Errenteria?

Cuento un poco la historia y la procedencia de la cultura de signar, y luego destaco que, al principio, los signos que comenzaríamos a usar con los más pequeños tienen que corresponderse con acciones lo más repetitivas en el tiempo y en el día a día; serían, como mucho, cuatro o cinco: leche, cambiar el pañal, dormir, comer y, si queremos, podemos introducir alguna palabra como pelota o peluche, por ejemplo.

En la web de Cinco Deditos se habla de la importancia del bilingüismo.

Ése es otro de los aspectos en los que cincodeditos.com hace hincapié, en introducir idiomas en los niños, aparte del que se habla en casa. En EEUU habrá quien hable en castellano, y aquí se mete el euskara, el inglés u otros. Además, en Euskadi el bilingüismo ha estado siempre muy desarrollado porque somos poliglotas, y somos conscientes de la importancia del bilingüismo, por lo que tenemos esa facilidad de aprender dos idiomas de forma simultánea. En el caso de los niños tan pequeños, se trata de usar imágenes, números y, en general, elementos repetitivos en el idioma que quieras que el niño aprenda.

Muchos estudios e investigaciones sobre la comunicación infantil proceden o se han hecho en EEUU. ¿Cuándo comienza allí esta cultura de signar?

Allí la historia empieza en la década de los ochenta. Joseph García era un estudiante de la Universidad de Alaska que estaba realizando unos estudios sobre las personas sordomudas, y se dio cuenta de que los bebés de los sordomudos entendían los signos y que, además, esos bebés empezaban a signar a la edad aproximada de 9 meses. Teniendo eso en cuenta, se planteó las siguientes cuestiones: ¿Y por qué solamente los niños de los sordomudos? ¿Qué pasa con el resto de los niños? También podrán hacerlo, ¿no?”. En parte, de ahí viene esta cultura de signar.

A su vez, están los estudios de Linda Acredolo y Barbara Godwyn. Dos mujeres que pidieron una beca al National Healt Service de Estados Unidos (Servicio Nacional de Salud de Estados Unidos) para hacer un estudio de 10 años sobre la cultura de signar. Hicieron estudios con niños que signaban y que no signaban, en diferentes etapas: a los 2 años, a los 3 años y a los 8 años. Siempre con los mismos. De ese estudio sacaron bastantes datos, como que los que habían signado empezaban a hablar antes y tenían un vocabulario más amplio y, entre otras cosas, que tenían un coeficiente intelectual más alto, con una media superior de unos 12 puntos. Todos los datos que extraían de utilizar ese lenguaje de signos eran cosas positivas.

 

 




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